TATIANA BLANQUÉ, JOAQUÍN CANO, FEDERICO ECHEVARRÍA, KHALID EL BEKAY, MANOLO MESSÍA, WILLY RAMOS Y GUIDO VELASCO
Las obras expuestas comparten un espacio, un tiempo y quizás, algunas, una inspiración, pero son muy diferentes entre sí, casi divergentes, en sus materiales, formas y planteamientos.
Mientras que en algunas de las creaciones la relación con la naturaleza es muy patente, como en los paisajes costeros de Joaquín Cano, los coloridos jardines enamorados de Willy Ramos, o las poéticas lunas de Tatiana Blanqué, en otras es apenas un duro escenario que sirve para presentarnos a sus actores, como es el caso de los collages de Khalid El Bekay, en los que se mueven mujeres, hombres, niños, perros y burros, con alargadas sombras. Una escultura en madera pintada de Federico Echevarría, en el centro del espacio expositivo, nos recuerda la estructura interna de la naturaleza con sus polígonos, o agua cristalizada derramándose sobre una roca. La obra de Manolo Messía, en acrílico y óleo hace referencia al tiempo, la dimensión oculta de la naturaleza que sin embargo talla y modifica toda sustancia. El gran contraste entre el vacío y la materia en las obras de Guido Velasco nos sugiere un horizonte posible, un magma en ebullición.
Difíciles de clasificar en escuelas, las obras de estos siete artistas, abren en las paredes y en el espacio interrogaciones. Hay que verlas y que también ellas te contemplen para dejarte imbuir por su luz.

