Cabezotas son vivencias, sensaciones, sentimientos, situaciones, emociones, pensamientos, comportamientos… que configuran por medio de la pintura, del dibujo, de la escultura… autorretratos y retratos: expresiones de mi experiencia y del apercibimiento de aquello que, de un modo u otro, afecta a mi vida.

Expresiones esenciales de unos personajes que, en principio, sólo tienen cabeza, aunque con la capacidad de transformación que les es precisa para expresar lo que les ocurre; si no es así, estáticos e imperturbables, contenidos en el óvalo que los dibuja, guardan silencio.

En un momento dado este óvalo, en su parte superior, se enreda en un nudo, en un garabato: el trazo de un ojo –el único rasgo anatómico que prevalece en todos los Cabezotas como signo identificativo de su existencia y de su presencia–. A partir de aquí la necesidad de cada cabezota para transmitir aquello que ha vivido hace que surjan pinceladas o masas que describen expresiones anatómicas o anímicas: bocas, lenguas, dientes, cerebro, manos, pies, sexo y demás rasgos físicos o psicológicos consecuencia de sus propias mutaciones.

Los, las Cabezotas me han acompañado siempre; siempre ha sido así, lo han hecho durante toda la vida, cumpliendo con la función de pintar y de pintarme, de mostrar y de mostrarme, pero su presencia, exceptuando contadas ocasiones, se ha restringido al ámbito privado del taller, o del ordenador, o de papeles, libretas y cuadernos de dibujo.

Ahora me piden a gritos estar fuera y vaciándome de esa urgencia los pinto y los dejo salir.

Balanza, septiembre 2024

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